lunes, 26 de agosto de 2013

"El que quiera hacerse rico que no se dedique a ser investigador o profesor universitario"

Hace unos días, en sesión solemne de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, el Dr. Moisés Wasserman dictó una conferencia que pintó un panorama desolador sobre la investigación científica en Colombia en lo que él llamó "el tiempo de las regalías". Son tiempos difíciles, ya lo sabemos, pero la entrevista con la directora de Colciencias que publicó hoy El Colombiano demuestra que a lo que nos enfrentamos en términos de las políticas de estado para la financiación de la investigación es a una real tragedia. No comentaré sobre los detalles de lo que dijo doña @profepaulaarias (¿profe?) pues los absurdos son evidentes, pero a propósito comparto acá mis breves palabras de hace unos días cuando tuve el honor de recibir el premio de la Academia de Ciencias del Mundo en Desarrollo (TWAS) para científicos jóvenes en la mencionada sesión de la Academia.

"Buenas noches. Me siento muy honrado de recibir este reconocimiento a mi trabajo, y agradezco muy especialmente a TWAS, a la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y al jurado del premio por considerarme merecedor de tan alta distinción. Aunque este es un premio para científicos jóvenes, inevitablemente siento que el tiempo que ya ha pasado no es poco y, en el momento en que se pasa de ser joven a no serlo tanto, vale la pena hacer un pequeño balance a través del agradecimiento a algunas personas. Primero, quisiera dar todas las gracias a mi familia, por apoyarme siempre en lo que quise a hacer aún cuando hace casi 20 años era muy difícil comprender exactamente qué es lo que hace un biólogo y cómo alguien podría hacer de esto una profesión. Incluso ahora me imagino que es difícil entenderlo, pero sé que comparten conmigo la satisfacción de saber que no nos equivocamos en el camino. Segundo, quiero agradecer a la Universidad de los Andes, pues allí no sólo me formé y descubrí que este oficio sí era lo mío, sino que desde hace siete años me ha permitido desarrollarme como investigador independiente en un ambiente estimulante haciendo lo que he querido hacer. Gracias a mis colegas y amigos con los que comparto el día a día, y gracias especialmente a los que me acompañan hoy. Finalmente, tengo que decir que este premio no es para mi solo, pues lo que hoy vemos reconocido no es un trabajo individual sino el de un gran equipo. Así que más que gracias, muchas felicitaciones a mis estudiantes, de antes y de ahora, a los que están acá hoy y a los que no están, pues esto es tan suyo como mío. Termino tomándome la libertad de dejar una idea en el aire a propósito de un par de acontecimientos del día de hoy. A esta misma hora en la Presidencia de la República se oficializa la magnífica noticia de la ampliación del Parque Nacional Natural de Chiribiquete, que fue posible gracias a que debido al trabajo de muchos investigadores, algunos presentes en este salón, existía información científica básica sobre biodiversidad y otras consideraciones sobre esta área natural única. Más tarde escucharemos al Dr. Wasserman hablar sobre el panorama de investigación en un momento en que a nivel nacional se ha reducido el presupuesto de inversión para investigación en ciencias básicas que maneja Colciencias, so pretexto de que ahora el Estado invierte muchos más recursos derivados del sistema nacional de regalías para impulsar la locomotora de la tecnología y la innovación. La investigación que yo hago, enfocada en tratar de entender el origen y el mantenimiento de la diversidad biológica de Colombia, que hoy TWAS y la Academia reconocen, es a todas luces investigación básica, sin impacto inmediato obvio para el grueso de la sociedad. Los resultados tangibles, aplicables, de mi trabajo muy difícilmente se verán en el corto plazo, especialmente si por corto se entiende lo que dura un período de gobierno. Tomándome el atrevimiento de hablar por otros científicos jóvenes y para dejarlos con una modesta reflexión, debo decir que a muchos nos preocupa seriamente el futuro de las políticas de estado para financiación de las ciencias básicas. Un país que no invierte lo necesario en ciencia básica difícilmente podrá desarrollarse como quisiera: si las carrileras no están bien cimentadas y construidas, incluso las locomotoras más modernas no tendrán por donde desplazarse. Ojalá como comunidad científica y con el concurso de la Academia pudiéranos hacer sentir nuestra voz. Muchas gracias a todos."



lunes, 2 de abril de 2012

Los toros de lidia no son una especie (o qué significaría y qué implicaría que lo fueran)


por Iván Jiménez y C. Daniel Cadena

(No sabemos de quién es la foto del toro de lidia. La foto del otro animal de la misma especie viene de esta reseña interesante sobre el origen de este animal domesticado).

En una entrada anterior presentamos una serie de puntos que, desde la perspectiva de la biología, arrojan serias dudas sobre la validez de los argumentos que enfatizan la conservación de las especies y la biodiversidad en defensa de las corridas de toros en Colombia. Aquí desarrollamos el primero de estos puntos:

"El toro de lidia no es una especie sino una variedad, una raza. Referirse al toro de lidia como especie implica asignarle un grado de diferenciación evolutiva que no posee y, por ende, mayor prioridad para la conservación de la biodiversidad de la que tiene."

La noción de especie es esencial para entender la diversidad biológica, así como para definir estrategias para su conservación. Por esto, la palabra especie no debe usarse ligeramente como lo han hecho aquellos que han defendido la continuidad de las corridas de toros aduciendo que si éstas se prohibieran se causaría la extinción de "la especie del toro de lidia". La importancia del término especie en el contexto de la conservación de la biodiversidad es evidente en el sistema desarrolado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) para la categorización de los organismos silvestres según su riesgo de extinción. Este sistema distingue explícitamente las especies de otras entidades biológicas como las subespecies y razas, le asigna mayor prioridad a las especies que a las subespecies o razas, y consulta expertos para evaluar qué tan ampliamente aceptadas son las definiciones de especie que se utilizan como base para determinar el riesgo de extinción (1). La importancia del término especie es igualmente evidente en la evaluación de la situación de las especies de animales domesticados llevada a cabo por la Comisión de Recursos Genéticos para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas, que distingue explícitamente las especies de las subespecies y las razas (2). Esta comisión señala que la asignación de recursos para la conservación de las razas agropecuarias debe formularse tomando en cuenta el contexto más amplio de las especies. Todo esto deja claro que es importante utilizar la palabra especie de manera correcta.

Al menos como punto de partida, los participantes en el debate sobre las corridas de toros deberían reconocer las especies aceptadas ampliamente por las clasificaciones taxonómicas formales que recopilan los resultados de las investigaciones científicas pertinentes, tal como como lo ha hecho al menos un columnista de opinión. De acuerdo con la clasificación taxonómica de mamíferos más ampliamente aceptada (3), los toros de lidia no se consideran miembros de una entidad suficientemente diferenciada como para tratarlos como representantes de una especie distinta de la de la vaca. Del mismo modo, la Comisión de Recursos Genéticos para la Alimentacíon y la Agricultura de las Naciones Unidas considera que los toros de lidia son una raza de vaca (4). Quienes tengan interés en desviarse de esta clasificación taxonómica de forma válida deberían, por lo menos, identificar explícitamente cuál de las varias acepciones del término especie empleadas en biología adoptan, así como las consideraciones empíricas que sustentan la desviación de la taxonomía aceptada. A continuación describimos en qué consiste la noción de especie en biología, exploramos por qué los toros de lidia no son generalmente considerados como una especie, y analizamos qué significaría y qué implicaría suponer que el toro de lidia es una especie, en contra de las clasificaciones taxonómicas formales ampliamente aceptadas por los biólogos. En ausencia de esa reflexión, el argumento protaurino basado en "la conservación de la especie" difícilmente será válido.

Distintos elementos de las acepciones del término especie vigentes en la biología han sido discutidos continuamente al menos desde el siglo XVII. Estas discusiones han contribuido notablemente no sólo a entender qué es una especie (ontología), sino también a comprender cómo reconocer y delimitar las especies empíricamente (epistemología). Actualmente existe un consenso relativamente amplio entre los biólogos en torno a una noción de especie muy general según la cual las especies son poblaciones (conjuntos de organismos) o grupos de poblaciones que evolucionan separadamente de otras poblaciones o grupos de poblaciones (5). Esta noción de especie, que describe el tipo de entidad que una especie es, puede aplicarse empíricamente mediante varias definiciones o “conceptos” de especie, que describen los criterios metodológicos mediante los cuales se decide si una entidad biológica puede considerarse una especie distinta de otras entidades biológicas. Por ejemplo, las especies de animales y plantas son frecuentemente definidas como un conjunto de individuos que se encuentran aislados reproductivamente de otros conjuntos de individuos. De acuerdo con esta definición (conocida como el "concepto biológico de especie", probablemente la definición de especie empleada en la práctica con mayor frecuencia por la mayoría de biólogos), distintos organismos son de la misma especie si frecuentemente (y no excepcionalmente) pueden cruzarse entre sí y dar origen a descendencia viable y fértil en su ambiente natural. Esta definición de especie enfatiza el aislamiento reproductivo como una barrera al flujo de genes entre organismos, que delimita grupos de individuos que comparten un acervo genético distinto del de otros grupos de individuos. Dado su aislamiento reproductivo, estos grupos tienden a evolucionar separadamente y a formar unidades distintas en términos de sus características fenotípicas (morfológicas, fisiológicas y de comportamiento) y ecológicas (relación con el ambiente abiótico y con otros organismos). Si se adopta esta definición, el toro de lidia no sería una especie sino una variante de la vaca, la especie Bos taurus, pues los toros de lidia pueden aparearse con otras variedades de vacas y engendrar descendencia fértil. La ausencia de aislamiento reproductivo entre variedades de vacas ha sido apreciada por los naturalistas al menos desde los tiempos de Darwin.

Aún cuando los toros de lidia no están aislados reproductivamente de otras variedades de vaca (en el sentido enfatizado por el concepto biológico de especie), de acuerdo con algunas definiciones de especie uno podría argumentar que el toro de lidia sí debería considerarse como una especie aparte. Por ejemplo, es posible definir especies como grupos de individuos que comparten una linea de ascendencia y descendencia, y que se pueden distinguir de otros grupos de individuos por algún rasgo diagnóstico (sea fisiológico, morfológico, de conducta o genético); esta definición es una de las versiones del "concepto filogenético de especie". Si se sustenta empíricamente que los toros de lidia se ajustan a esta definición, podrían considerarse como una especie. Estudios recientes sugieren que varias razas de vacas pueden diferenciarse mediante análisis genéticos (6). Más aún, vacas criadas para las corridas de toros en distintas ganaderías podrían ser diferenciables genéticamente (7) , lo cual sugiere la posibilidad de que incluso existan varias especies de toros de lidia de acuerdo al concepto filogenético de especie. ¿Cuáles serían las consecuencias prácticas en términos de la conservación de la biodiversidad de adoptar dicho concepto de especie y considerar a los toros de lidia como una (o inclusive varias) especie(s)? En principio habría que aplicar tal definición de especie consistentemente a través de un amplio espectro de organismos. Así pues, habría que reconsiderar la delimitación de muchas especies y muchos grupos de organismos que hoy se consideran especies pasarían a ser considerados conjuntos de especies diferentes. No tendría sentido, por ejemplo, considerar al toro de lidia como una especie sin conceder también el estatus de especie a otras razas de vacas que presentan grados similares de diferenciación genética, como cebú hindú, sayaguesa, vaca canaria, vaca palmera, mirandesa, mallorquina, menorquina, bruna de los pirineos, pasiega, serrana de teruel, pirenaica, betizu, mostrenca o garvonesa, entre otras (8). Tal práctica tendría que extenderse a razas de otros grupos de bóvidos y, más ampliamente, de otros mamíferos y de animales, plantas y otros organismos. El número de especies reconocidas resultaría enorme, mucho más grande que el ya considerable número de especies reconocidas hoy en día (9) . En general, adoptar una definición de especie como esta conduciría a reconocer muchas más especies poco diferenciadas entre sí, a una “inflación taxonómica” (10). A su vez, tal situación resultaría en un incremento notable en el número de especies que se considerarían amenazadas de extinción y, como algunos aducen, en una mayor dificultad para financiar y priorizar las agendas para la conservación de la biodiversidad (11).

No insinuamos que una definición de especie es mejor que otra. Varias definiciones de especie son útiles porque en conjunto contribuyen a describir los resultados de los procesos evolutivos, especialmente de la especiación (generación de especies). Sin embargo, es importante identificar cuál de las varias definiciones de especie se utiliza, ya que las estrategias de conservación deben tomar en cuenta la definición de especie en la que están basadas. Por ejemplo, cuando las estrategias para la conservación de la biodiversidad se basan en el concepto biológico de especie (probablemente el caso más común), es importante tener en cuenta que una especie puede incluir poblaciones que están evolucionando en direcciones distintas a pesar de no estar completamente aisladas reproductivamente. Idealmente, en aquellos casos, se debería procurar la conservación de poblaciones que representen la variación existente dentro de una especie (12). Esta es la razón por la cual la conservación de las razas de animales domesticados tiene como objetivo representar la variación de la especie a la que pertenecen; al representar la variación de las especies domesticadas se busca maximizar el mantenimiento del potencial evolutivo de dichas especies (13). Es importante anotar que varias razas pueden ser sustituibles (redundantes) en relación con este objetivo. La conservación del toro de lidia no es necesariamente indispensable para la conservación de Bos taurus pues otras razas podrían suplir su eventual ausencia. Por otra parte, si se adoptara el concepto filogenético de especie, sería clave considerar que varias especies pueden exhibir poca diferenciación aún si son diferenciables de otras. Por lo tanto, al establecer las prioridades para la conservación de la biodiversidad (suponiendo que no es posible conservar todas las especies) se debería minimizar el grado de redundancia de diferentes especies en términos de la variación genética, fenotípica y ecológica. En ese sentido, así representara una especie distinta, el toro de lidia no parecería ser merecedor de esfuerzos especiales de conservación ya que la desaparición de otras especies de vacas (también definidas según el concepto filogenético de especie) de características similares es improbable. De forma más general, es ampliamente aceptado que al asignar prioridades para la conservación de la biodiversidad se deben tener en cuenta, además del estatus taxonómico de especie, varios aspectos de la historia evolutiva, incluyendo qué tan cercanamente emparentados y qué tan distintos fenotípicamente son diferentes grupos de organismos (14).

En resumen, cuando se habla de conservación de la biodiversidad, es importante utilizar la palabra especie de forma adecuada porque las estrategias ampliamente acordadas para la conservación de la biodiversidad están basadas en la distinción explícita entre las especies y otro tipo de entidades, como las subespecies y razas. Estas estrategias enfatizan el uso de clasificaciones taxonómicas formales y ampliamente aceptadas, ninguna de las cuales considera al toro de lidia como una especie. Las especies tienen mayor prioridad para la conservación de la biodiversidad que las subespecies o razas. La idea de que las entidades biológicas ampliamente aceptadas como especies son las que merecen particular atención de los conservacionistas no sólo es la práctica que más frecuentemente implementan los biólogos de la conservación, sino que también es una idea ampliamente difundida entre el público general. Por lo tanto, aludir a la conservación de la biodiversidad y referirse al toro de lidia como especie sin explicar la razón que justifica tal desviación de la taxonomía aceptada crea la impresión de que el toro de lidia es más diferenciado evolutivamente de lo que en realidad es, y por ende crea la impresión de que este grupo de organismos merece mayor prioridad para la conservación de la biodiversidad de la que verdaderamente tiene.

viernes, 3 de febrero de 2012

Aspectos de Biología y el Debate sobre las Corridas de Toros en Colombia


por Iván Jiménez y C. Daniel Cadena

En los últimos años, especialmente en las últimas semanas, hemos sido testigos de un amplio debate en torno a las corridas de toros en Colombia: ¿son éticamente justificables? ¿deberían prohibirse? Creemos que este debate es importante en sí mismo y en el contexto más general de la relación entre los seres humanos y otros organismos. Para garantizar un debate productivo, por supuesto, es importante que quienes participan lo hagan sobre bases sólidas, pero nos preocupa que muchos de quienes se han expresado recientemente sobre el tema en importantes medios de comunicación colombianos discuten aspectos biológicos utilizando argumentos evidentemente inválidos. Por eso hemos decidido tratar aquí aspectos del debate que atañen a tres subdisciplinas de la biología: la ecología, la evolución y la biología de la conservación. Nos preocupa que tales aspectos no parecen ser comprendidos por destacados participantes del debate sobre las corridas de toros. En particular, es preocupante que la conservación de las especies y la biodiversidad colombiana se esgrima, de forma inapropiada y frecuente, como argumento en defensa de las corridas de toros en Colombia.

El periódico El Tiempo publicó recientemente un “manifiesto en defensa de las corridas” en el que reconocidos escritores y periodistas (Antonio Caballero, Alfredo Molano, Víctor Diusabá y Germán Castro Caycedo) afirmaron: “También nosotros somos defensores del medio ambiente y de la conservación de las especies, que incluyen la del toro bravo, y en consecuencia las condiciones que hacen posible su crianza y su existencia.” Aura Lucía Mera reprodujo esta parte del manifiesto y la apoyó en su columna de El Espectador. En este mismo medio, el manifiesto también fue apoyado y reproducido en su totalidad por Maria Elvira Bonilla en su columna. Hace más de un año, en su columna en El Tiempo Mauricio Vargas se refirió al trabajo del filósofo Francis Wolff para sugerir que los “ecologistas” que se oponen a las corridas de toros contradicen sus propios principios porque sin las corridas “la especie de los toros de lidia habría desaparecido”. En 2010 un editorial de El Tiempo discutió la decisión que la Corte Constitucional debía tomar en ese entonces sobre el futuro de las corridas de toros en Colombia y se refirió al supuesto valor de las ganaderías del toro de lidia para la conservación de la biodiversidad: “Si la Corte resolviera acabar la fiesta, paradójicamente le estaría dando el puntillazo final al bello toro de lidia en Colombia que, curiosamente, es gran protector de la biodiversidad, de fuentes de agua, pues, al ser criado en grandes extensiones, no permite la depredación humana.”. Algo similar hizo Jaime Castro en una columna de opinión del mismo periódico: “No sobra agregar que contribuyen a la conservación de las extensas y casi silvestres áreas que se dedican a las ganaderías de casta y que sin corridas desaparecería entre nosotros la especie toros de lidia (sic).”. Argumentos parecidos fueron expuestos en la televisión colombiana por el Secretario Técnico de la Corporación Taurina de Bogotá: "la muerte del toro en este ritual garantiza la subsistencia de esa especie animal sobre el planeta Tierra.".

Las opiniones descritas arriba y otras similares expresadas recientemente en varios medios colombianos son inconsistentes con conceptos ampliamente aceptados en el ámbito científico. Por lo tanto, tales opiniones enlodan el debate sobre las corridas de toros y desinforman sobre las prioridades para la conservación de la biodiversidad en Colombia. Antes de sustentar esta tesis aclaramos que nuestra intención no es defender o atacar la totalidad de los argumentos presentados por una u otra posición en el debate sobre las corridas de toros. Nuestro objetivo es más modesto: describir el consenso científico actual sobre algunos de los varios aspectos que son relevantes para el debate en el contexto colombiano, que tienen que ver con la ecología, la evolución y la biología de la conservación. Las ciencia por sí sola no puede resolver el debate sobre las corridas de toros, ni otros debates éticos en los que se examinan racionalmente posibles conductas humanas con el fin de determinar cuáles de ellas deben promoverse o evitarse. Se necesita, además, el aporte central de la filosofía (por ejemplo, véanse estos dos textos de Javier García-Salcedo: 1, 2), entre otras disciplinas. Pero la ciencia sí puede aportar descripciones de la naturaleza de las cuales depende la validez de los argumentos presentados en los debates éticos.

Los argumentos presentados por varios columnistas de opinión y otros actores del debate, que enfatizan la conservación de las especies y la biodiversidad colombiana en defensa de las corridas toros en Colombia, no son válidos por al menos cinco razones que presentamos a continuación y que desarrollaremos en detalle en textos que iremos enlazando en este blog en los próximos días.

A) El toro de lidia no es una especie sino una variedad, una raza. Referirse al toro de lidia como especie implica asignarle un grado de diferenciación evolutiva que no posee y, por ende, mayor prioridad para la conservación de la biodiversidad de la que tiene. Desarrollo

B) El toro de lidia es una variedad (y no una especie) domesticada, producto de selección artificial. Por lo tanto, el mantenimiento de poblaciones del toro de lidia en Colombia, por sí mismo, no contribuye a la conservación de la biodiversidad silvestre autóctona del territorio nacional, que es la prioridad de las agendas de conservación de la biodiversidad colombiana.

C) Además de intentar conservar las plantas, animales y microorganismos silvestres propios de diferentes regiones del mundo, la conservación de la biodiversidad también implica la conservación de organismos domesticados. Sin embargo, la conservación del toro de lidia en Colombia no es una prioridad para la conservación de variedades de animales domesticados.

D) En España y otros países del viejo mundo las ganaderías de toros de lidia podrían, según opiniones discutibles, contribuir a la conservación de la biodiversidad silvestre autóctona de esas regiones. En cambio, en Colombia, la actividad ganadera en general, incluyendo la cría del toro de lidia, es en realidad una de las principales amenazas para la conservación de la biodiversidad silvestre y nativa.

E) El movimiento antitaurino colombiano se basa principalmente en argumentos animalistas que enfatizan los intereses de los animales. Muy diferentes son los argumentos que enfatizan los grupos ambientalistas (o “ecologistas”), relacionados con la conservación de la biodiversidad. Los argumentos animalistas pueden ser válidos aún si no son compatibles con los argumentos ambientalistas. Sin embargo, contrario a lo que han aducido varios participantes en el debate sobre las corridas de toros en Colombia, los argumentos animalistas son compatibles con la conservación de la biodiversidad colombiana.

Esperen el desarrollo del punto B.

jueves, 5 de enero de 2012

PostDoc @ UniAndes


El Departamento de Ciencias Biológicas (DCB) de la Universidad de los Andes (Bogotá, Colombia) ofrece posiciones para dos investigadores-docentes postdoctorales, que se vincularían como profesores visitantes de tiempo completo por un año, a partir del segundo semestre de 2012. Los aspirantes deben poseer título de Ph.D. y se dará preferencia a aquellos investigadores que tengan interés en vincularse a algún grupo de investigación del DCB para su estancia postdoctoral (ver http://dcb.uniandes.edu.co/).

Se espera que el candidato seleccionado fomente nuevas perspectivas y enfoques de investigación científica en el DCB, mediante investigaciones independientes o colaborativas, en asocio con uno o varios profesores del DCB. El candidato seleccionado también actuará como colega de otros profesores y como mentor para estudiantes de pregrado y posgrado. Las responsabilidades docentes de la posición incluyen dictar un curso introductorio de ecología o biología celular (dependiendo de la experiencia del profesor visitante) para estudiantes de carreras distintas a Biología, en cada uno de los semestres académicos del año, así como un mes durante el período intersemestral. El profesor visitante además podrá dictar cursos o talleres adicionales en temas que sean de su interés.

La posición se ofrece por un año, con la posibilidad de extenderse a un año adicional, dependiendo del desempeño del investigador y de la situación presupuestal. Los candidatos deberán estar en disposición de iniciar actividades el 1 de agosto de 2012.

Enviar una carta de presentación, hoja de vida y dos cartas de recomendación antes del 15 de enero de 2012, a la dirección que se muestra a continuación:

Comité de Selección Profesoral
Departamento de Ciencias Biológicas
Universidad de los Andes
Carrera 1 No. 18A-12
Apartado Aéreo 4976
Bogotá, Colombia
ccontbio@uniandes.edu.co

The Department of Biological Science (DCB) at the Universidad de los Andes (Bogotá, Colombia) seeks to fill two positions as teaching postdoctoral researchers. The selected candidates will serve as full-time visiting professors with a contract for 12 months (renewable for a second year) starting August 1st, 2012. Applicants must possess a Ph.D. before the starting date. Preferences will be given to candidates interested in affiliating himself or herself with an existing lab within the DCB (see http://dcb.uniandes.edu.co/).

We seek candidates interested in developing and promoting new research perspectives within the DCB via collaboration with one or more professors or via independent research. The selected candidates should also be willing to act as an advisor or mentor to undergraduate and/or graduate students. Teaching responsibilities include one undergraduate non-majors course in ecology or cellular biology (depending on the expertise of the postdoc) each semester, plus some teaching duties for one month during the annual break (Boreal summer). The selected candidate may choose to offer or participate in additional courses or workshops in areas of his or her interest.

The teaching postdoc position is guaranteed for the first year, with an optional second year conditional upon satisfactory performance and available funding.

Interested persons should send a cover letter, CV and two recommendation letters to the email address by January 15, 2012, to the address below.

Comité de Selección Profesoral
Departamento de Ciencias Biológicas
Universidad de Los Andes
Carrera 1 No. 18A-12
Apartado Aéreo 4976
Bogotá, Colombia
Email: ccontbio@uniandes.edu.co
Webpage: http://dcb.uniandes.edu.co/

lunes, 3 de octubre de 2011

Azulejos, murciélagos y grillos de La Luz Difícil

Foto de El Espectador

De literatura conozco muy poco, pero me acabo de leer la nueva novela del escritor antioqueño Tomás González, La Luz Difícil, y me encantó. Hermosamente triste, o tristemente hermosa. ¿Y por qué escribo esto acá? Bueno, ya había usado el espacio del blog antes para referirme a las descripciones inexactas de la naturaleza de algunos autores colombianos que denotan poquísima familiaridad con el entorno natural. Bueno, aparte de todo lo bueno que tiene la novela de González, tiene algunos pasajes en los que se refiere a animales y a ambientes naturales que me impresionaron no sólo por bonitos, sino por lo bien escritos y por exactos:

"... Cuando dejo de ver, y cada vez me pasa más a menudo, me acuesto, le digo a Ángela, la señora que viene a ayudarme en la casa, que por favor me ponga una compresa húmeda sobre los ojos y la frente, y me concentro en oír el ruido de los pájaros o pongo música. De todos los sonidos de pájaros, el que más me llama la atención es el de los azulejos. El de aquí no es el mismo Blue Jay de los Estados Unidos: es mucho más pequeño aunque igual de vivaz y agresivo. Su trino es muy agudo, extremadamente articulado y ligeramente ofuscador, como la música para piccolo, y uno pensaría que el registro es a veces tan alto que parte del canto queda inaudible para oídos humanos. No es un canto bello, sino complejo. Y el que sea un registro tan alto hace también que no le prestemos demasiada atención y oigamos en cambio pájaros de canto más terreno, sobretodo a los copetones o gorriones, que son los más locuaces sobre la Tierra: la plaga del trino, digamos, así como las palomas vendrían a ser la plaga del vuelo..."

"... A esa misma hora, aquí en La Mesa, por los árboles dan vueltas los murciélagos. Los de esta región son de una especie pequeña, y tienen una manera inocente de volar, que recuerda a las mariposas. Se alimentan de bananos y mandarinas. Yo salgo a mirarlos al corredor trasero o a saber que están allí, mejor dicho, pues poco los veo ya, sentado en una silla de tijera, de las de director de cine, con una cerveza que Ángela me trae antes de irse, servida en un vaso cervecero que mantiene en el congelador. Detrás de los árboles se abre el abismo sobre el cual planean durante el día los gallinazos. Siempre ha sido esta la hora más difícil de mis días desde que tengo memoria. También lo era en Nueva York, donde salía a tomarme un trago en silencio en algún bar de los menos concurridos. Siento aquí la belleza de la hora, claro, sus medias tintas, me encanta la presencia de los murciélagos en la penumbra, pero me abruma a veces la melancolía. «Ya te dio el autismo», decía Sara cuando me veía encender el primer Pielroja, servirme el ron o la cerveza que me tomo cada día, y quedarme ensimismado mucho tiempo aquí en el corredor. Y aunque no me considero particularmente romántico ni sentimental, lo cierto es que es esta la hora en la que más la extraño y me atormenta su ausencia..."

"... Me quedé en el corredor, en mi silla de director de cine, con lona color de girasol. La gran soledad es como un lienzo, aparentemente vacío, engañosamente vacío. A las siete de la noche entré a la casa y cerré puertas y ventanas, tanteando un poco los pestillos y las aldabas, pues de noche mi visión empeora. Me senté en el sillón de cuero. Sentí frío y fui a buscar el suéter grueso de alpaca que me dio Sara antes de venirnos de Nueva York (cómodo, caro y bonito, como todo lo que regalaba). Me senté otra vez en el sillón y me quedé inmóvil, tal vez treinta minutos. Entonces un grillo empezó a cantar bellísimo, como si fuera la presencia de la Presencia, en algún lugar de la sala. Son unos grillos oscuros, nocturnos, feos, con algo de cucaracha y voz muy poderosa que no a todos gusta. Y mi gran soledad se llenó de pronto con el universo entero..."

¿Ah?

@cdanielcadena

martes, 9 de agosto de 2011

Mala Ciencia



Estoy convencido de que el calentamiento global es una realidad y que su causa principal son las actividades humanas, particularmente la quema de combustibles fósiles y la transformación de los ecosistemas naturales. Además, estoy convencido de que el cambio climático tendrá efectos muy serios sobre la conservación de la biodiversidad, e impactos nocivos directos sobre la población humana en términos de alteraciones de los ciclos hídricos, acidificación oceánica, reducción en la productividad de cultivos, propagación de enfermedades, etc.. La razón por la que estoy convencido de todo esto es porque existe información científica sólida que lo sustenta. Pero claro, como en todo campo de investigación, también hay investigación científica sobre las causas y consecuencias del cambio climático que está mal hecha.

Idealmente, uno querría que los tomadores de decisiones sobre asuntos tan cruciales como el de las políticas públicas para mitigar el calentamiento global y sus impactos basaran esas decisiones en la información científica de los más altos estándares. En ese escenario ideal, entonces, uno esperaría que los tomadores de decisiones se remitieran a la literatura científica, a las revistas internacionales indexadas que publican los resultados de investigaciones de primera línea sobre el cambio climático. Por ejemplo, a Climatic Change, una revista internacional indexada, arbitrada, publicada por la prestigiosa casa Springer, con un factor de impacto relativamente alto de acuerdo al sistema de indexación ISI.

Por lo anterior, para mí fue difícil creer que Climatic Change hubiera publicado en 2009 un artículo que sugería que muchas zonas de Sur América, aún en áreas protegidas grandes, se estarían convirtiendo en "desiertos ornitológicos", que las aves se estarían acabando en buena parte del continente. Además, el autor (el investigador argentino Manuel Nores) aducía que por tratarse de un problema de escala casi continental, la desaparición de las aves probablemente obedecería a un fenómeno global, como el cambio climático. Mi incredulidad se debía a que el artículo era de una pobreza cientíica aterradora, lo que me motivó a escribir, junto con 12 colegas liderados por Phil Stouffer, un comentario con el objetivo de ilustrar los múltiples problemas que el artículo original presentaba. Nuestro comentario fue presentado a Climatic Change en enero de 2010, y tras muchos ires y venires (un proceso inexplicablemente extenso para un texto tan breve), fue aceptado y publicado electrónicamente en la revista hace unas pocas semanas. Para conocer algunas de las razones por las que pensamos que el artículo de Nores tiene problemas fundamentales que lo hacen esencialmente inútil (y potencialmente peligroso, ver abajo), los invito a leer el comentario acá y a que saquen sus conclusiones.

Hoy nos encontramos con que Climatic Change ha publicado una respuesta de Nores a nuestro comentario. Los argumentos son exactamente los mismos y están basados en información igualmente insuficiente y falta de rigor, por lo que comentar los detalles no merece la pena - la respuesta en nada cambia nuestro análisis inicial.

¿Y? Tal vez lo más preocupante de todo el proceso, que termina hoy con la nueva publicación de Nores (quien queda con la última palabra en la revista), es que ha quedado para siempre en la literatura científica un trabajo que podría desinformar a los tomadores de decisiones y reducir la credibilidad de la investigación científica sobre las consecuencias del cambio ambiental global, ambas cosas gravísimas. Cuando nosotros por fin recibimos comentarios sobre nuestro manuscrito, los editores dijeron que éste podría ser aceptable si retirábamos algunos apartes y le bajábamos el "tono". Bien, ya lo hicimos formalmente en la revista, pero ya que Climatic Change ha optado por darle cuatro páginas de espacio adicional a Nores para reiterar los mismos puntos pobremente documentados y porque creo que esto no es trivial, he decidido publicar acá lo que originalmente dijimos (en inglés). Ya que esto era el cierre de nuestro comentario, creo que funciona bien como final para esta entrada:

"... We are disturbed not just because the paper misrepresents the state of bird diversity in South American forests, but because it shows a colossal failure of the peer review system..."

"...We urge interdisciplinary journals like Climatic Change to insure the quality of the science they present by always using reviews by specialists in the relevant taxonomic and geographic area. Given that the stated goal of Climatic Change is ‘to provide a means of exchange among those working in different disciplines on problems related to climatic variations,’ meaningful exchange across disciplines hinges on confidence that published conclusions are based on acceptable rigor. We hope that the publication of a paper as fundamentally flawed as Nores (2009) represents an isolated breakdown that can be avoided by a more rigorous review process at Climatic Change. In the climate change literature, poor papers are not just an academic distraction; rather, they reduce the credibility of journals and scientists and distract the attention of policy makers in a debate that is too full of misinformation."

@cdanielcadena

viernes, 15 de julio de 2011

Sobre Agendas de Investigación, Hipótesis Nulas y Decisiones Sobre Conservación y Manejo de Biodiversidad

Me contaron que en el contexto de una discusión sobre la conveniencia de permitir o no la pesca con palangres (i.e. "long-line fishing" en inglés) en aguas colombianas, la futura Ministra de Ambiente indicó que antes de tomar decisiones prohibitivas, habría que hacer estudios para determinar el efecto que esas prácticas tendrían sobre las poblaciones de los peces de la región. Las experiencias de otras zonas ya demuestran suficientemente que este tipo de pesca es muy difícilmente sostenible, por lo que el comentario atribuido a la futura ministra me llamó mucho la atención y me recordó un texto que escribimos con Iván Jiménez en 2003 y que nunca publicamos. Como más vale tarde que nunca, aunque ya alguien dijo algo muy parecido en la literatura hace un par años, hemos decidido publicarlo acá. Las ideas, por supuesto, también son relevantes para otras discusiones a las que se enfrenta el país, como las relacionadas con la minería. El texto está en inglés, pero esperamos que sea de interés y estaremos atentos a recibir comentarios:

NGOs and conservation science: a reply to da Fonseca

Iván Jiménez and Carlos Daniel Cadena

In the editorial of a recent issue of Conservation Biology, da Fonseca (2003) discussed the increasing production of conservation science by non-governmental institutions (NGOs), and pointed out associated problems and possible solutions. In particular, he suggested that the conservation community should strive to develop ways to handle two principal problems related to research conducted by NGOs: organizational control of research agendas and the "tweaking" of research results by NGO scientists. Both problems stem from the dependence of NGOs on their funders, and from the beliefs and values determined by the history of these organizations. In his editorial, da Fonseca stated that a third problem, the link between monetary gains and specific research outputs, is prominent in biomedical research carried out by private companies, but has little relevance for conservation research carried out by NGOs. Unlike da Fonseca, we believe that finances contingent on particular research outputs can influence conservation research by NGOs. Furthermore, contingent monetary profits can not only prompt "tweaking" of results, but can also influence the selection of null hypotheses and thereby affect research results and conclusions. Here we elaborate on these problems in the hope that they will be recognized and that appropriate safeguards are put in place.

Let us first consider whether or not having monetary gains linked to specific research outputs can be a significant issue in conservation science produced by NGOs. da Fonseca believes that "individual NGO scientists hold no real financial stakes in studies done under the auspices of their employers". We do not think this assertion is necessarily general. As pointed out by da Fonseca, NGOs are prominent generators of conservation research and are being increasingly recognized as authorities on environmental issues, especially in developing countries. Such recognition seems to drive a variety of corporations with dubious environmental reputation to seek financial agreements with NGOs in order to obtain advice and/or improve their environmental image. These agreements can take multiple forms, but here we focus on contracts through which NGOs are hired to perform environmental studies. NGOs participating in this type of agreement may face a dilemma: they could adhere tightly to their missions, which often reflect a history of conservationist world-views, and potentially put down the contracting corporation, thereby risking present and future contractual agreements. Alternatively, NGOs may forgo their mission and align with hiring corporations, an option that may be particularly appealing given the increasingly competitive nature of the biodiversity conservation market that da Fonseca describes. After all, NGOs' adaptability to the omnipresent quest for financial resources in a fierce competitive milieu might overcome the constraints imposed by their original beliefs and values.

An example of this type of relationship between NGOs and corporations is the contract through which Conservation International-Colombia (CI-Colombia) was hired as consultant by the Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB) for a project aimed at restoring the wetlands of the city of Bogotá, Colombia (CI-Colombia 2000). These wetlands were a major center of avian diversification in the Northern Andean highlands (Fjeldså 1985), and have harbored several endemic species and subspecies; some of these are already extinct and many are currently threatened by habitat destruction and degradation (Asociación Bogotana de Ornitología 2000, BirdLife International 2000). Grass-root groups and the local scientific community have serious concerns about the project designed by EAAB because, despite its environmentally-friendly rhetoric, it is essentially directed at urbanizing the wetlands for recreational purposes, with a substantial portion of its vast budget allocated to the construction of concrete structures such as bicycle paths and plazas with concomitant vegetation removal, and meager resources allocated to protection of habitats occupied by threatened species (Stiles 2003). Thus, in proposing how to manage the Bogotá wetlands, CI-Colombia may have chosen an urbanizing approach, supporting its contractor's substantial investment on hard scenic infrastructure for recreational purposes, or a more conservationist approach emphasizing the value of the wetlands' biological community. While CI-Colombia seems to favore the latter (CI-Colombia, page 34), this case clearly exemplifies the potential for NGOs and their scientists to have monetary gains linked, directly or indirectly through future agreements, to specific research outputs.

In addition to monetary profit associated to research outputs, but in close connection with it, there is another important potential problem related to research produced by NGOs: inappropriate selection of null hypotheses. Null hypothesis selection has major consequences for research results and conclusions because it determines what should be assumed in the absence of further study or insufficient statistical power to detect a particular effect size. This is a distinct issue from that of "tweaking of results", because exactly the same data can produce very different conclusions depending on null hypothesis selection (MacKenzie and Kendall 2002, Smallwood 2002). It is fundamental for conservation scientists to realize that the selection of a particular null hypothesis places the burden of proof on showing that such hypothesis is incorrect and, therefore, has major consequences for the conclusions reached by any study. The null hypothesis of a study should epitomize the assumptions made by researchers in the absence of new data and, thus, should be based on all previous knowledge of the study system as well as on theory. In addition, the world-views of scientists have a legitimate role in determining null hypothesis selection (MacKenzie and Kendall 2002, Smallwood 2002). Indeed, scientists in the field of natural resource management often apply the precautionary principle for conservation biology (Shrader-Frechette and McCoy 1993) by choosing null hypotheses that minimize the error of failing to detect a negative effect on the environment (e.g., United States Environmental Protection Agency 1989). Yet, world-views are dependent on prospects of economic profit, as exemplified by a recent legal challenge to the USA endangered species act (Greenhouse 1997). Therefore, given that world-views are important determinants of null hypotheses selection, and that world-views of NGOs' scientists, like those of anyone, can be modified by prospects of economic profit, the appropriateness of null hypotheses should be thoroughly scrutinized.

To illustrate the paramount importance of null hypothesis selection, let us consider once more the EAAB project of restoring the wetlands of Bogotá. This project involves removal of extensive tracts of aquatic vegetation occupied by endemic and endangered bird species (Stiles 2003). What should be the appropriate null hypothesis regarding the impact of the EAAB project on these avian species? We argue that based on the endemicity and endangered status of these bird species, their patterns of habitat use, the identification of habitat destruction as the main threat for their survival (Asociación Bogotana de Ornitología 2000, BirdLife International 2000), population ecology theory (Soulé 1987), and the precautionary principle for conservation biology, it should be: "the EAAB project for the Bogotá wetlands will reduce the population size of endemic and endangered bird species through reduction of suitable habitat and, thus, will increase their probability of extinction". Specific predictions can be derived from this null hypothesis to produce statistical null hypotheses (e.g., Fig. 1, top panel), which are distinct from, but depend on, theoretical hypotheses (Krebs 2000). Such predictions can be examined statistically through equivalence testing, a procedure that is well established for environmental studies (McBride 1999, Manly 2001) and for the kind of biomedical research to which da Fonseca draws parallels (West-lake 1973, Metzler 1974).

In sharp contrast to the null hypothesis we proposed above, defenders of the EAAB project published the following statement in a major Colombian newspaper: "The concern of environmentalists is that building bicycle paths and walkways destroys bullrushes, native forests and shrubs where many species dwell, especially birds. The truth is that there is no study demostrating damage or loss of species." (Cabrera-Puentes and Ortega 2003). Such statement amounts to the following null hypotheses: "the EAAB project of altering the wetlands of Bogotá will not reduce the population size of endemic and endangered bird species through reduction of suitable habitat". Anyone using this null hypothesis will assume that the EAAB project does not affect the endangered bird species of the wetlands despite extensive removal of their habitat, unless sufficient evidence is compiled to demonstrate it. Thus, regardless of general knowledge of the conservation status and habits of these birds, lack of detailed data on population dynamics would result in neglecting an obvious threat to these species. The sharp contrast between this approach and the null hypothesis that we proposed above is shown in Figure 1. The null hypothesis advocated by defenders of the EAAB project is analogous to that used in criminal cases, where defendants are presumed to be innocent until proven guilty and, thus, it is appealing to many, especially those that see great benefits in the creation of large scenic water bodies deprived of vegetation, appropriate for recreational activities.

Figure 1. Null and alternate hypotheses about the effect of removing aquatic vegetation on the endemic and endangered bird species of the Bogotá wetlands. Both hypotheses are represented by a distribution of means (Zar 1999, page 76) from random samples that estimate the difference in bird density between wetland areas where aquatic vegetation was removed and wetland areas were it was not. Top panel: The null hypothesis, depicted with a continuous line, states that removal of aquatic vegetation does cause a population decline higher than or equal to the critical threshold E at which extinction probability increases. The alternate hypothesis, represented with a discontinuous line, assumes that removal of aquatic vegetation causes no population reduction. Bottom panel: The null hypothesis, depicted with a continuous line, assumes that removal of aquatic vegetation causes no population reduction. The alternate hypothesis, represented with a discontinuous line, states that removal of aquatic vegetation causes a population decline higher than or equal to the critical threshold E at which extinction probability increases. Note that in the top panel the probability of failing to detect a negative effect on the environment is a type I error. In contrast, in the bottom panel, the probability of failing to detect a negative effect on the environment is determined by type II error.

We welcome the increasing production of conservation science by NGOs. Furthermore, we believe that conservation science produced by universities and other academic institutions is subject to much the same problems associated with NGOs. Yet, the conservation community should be well aware of what exactly these problems are in order to place effective safeguards in place. Peer review and collaboration between NGOs and academic institutions are likely to increase the quality and effectiveness of conservation research, as indicated by da Fonseca. We suggest that reviewers should watch carefully for appropriate justification of particular null hypotheses. In cases in which current knowledge does not clearly justify the selection of a particular null hypothesis, several should be employed (e.g., MacKenzie and Kendall 2002), and results interpreted in light of them all. However, as indicated by da Fonseca, many studies that have major influence on governments and funding agencies are not subject to peer review. How should the quality of such unpublished but important research be controlled? It would seem that review by contestant NGOs is an equivalent mechanism to that employed by peer reviewed scientific journals, and should channel the competitive relationships among conservation NGOs towards increasing the quality of the science they produce, rather than towards aligning NGOs and corporations with associated departures from NGOs' original values and beliefs.

Literature Cited

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