Una de las explicaciones clásicas de la alta diversidad de los ecosistemas tropicales en comparación con la de ecosistemas de zonas templadas es que los organismos tropicales tienen nichos más estrechos (i.e. son más especializados), lo que permite "empaquetar" un mayor número de especies en un área particular. En las aves de las tierras bajas neotropicales, el grado de especialización en el nicho alcanza niveles impresionantes. Por ejemplo, varias especies insectívoras sólo consiguen su alimento en medio de hojas secas suspendidas en la vegetación, varias más lo hacen siguiendo ejércitos de hormigas y otras nunca se encuentran fuera de parches de plantas de bambú. Otro extremo de especialización son las aves que se encuentran restringidas a la vegetación que crece sobre tipos de suelo particulares, como las arenas blancas de los alrededores de Iquitos (Perú) que pude visitar hace algunos años (foto por Carlos García tomada en nuestro viaje) y donde gracias al trabajo de José Alvarez Alonso, Bret Whitney y otros investigadores se han descubierto varias especies de aves nuevas para la ciencia en años recientes.
En uno de los trabajos clásicos de la ornitología neotropical, Van Remsen y Ted Parker, dos de los pioneros en el estudio moderno de la historia natural y ecología de las aves amazónicas, demostraron que muchas especies de aves (el 15% de la avifauna no acuática) están restringidas a ambientes asociados con los ríos de la cuenca del Amazonas. Varias de esas especies llegan a un grado de especialización extremo, tal que se encuentran únicamente en las islas de origen aluvial que se forman a lo largo del Amazonas y sus tributarios.Algunos hallazgos recientes, el primero de los cuales ha sido noticia en los últimos días, indica que la especialización en ambientes de islas parece que no es única de las aves de la cuenca del Amazonas sino que también se extiende a la del Río Orinoco. La noticia a la que me refiero es la publicación en el número actual de la revista The Auk de la descripción de Synallaxis beverlyae, una nueva especie de ave de la familia Furnariidae descubierta en las islas del Orinoco (Venezuela) por Steve Hilty y David Ascanio. La especie se parece bastante a S. albescens en su plumaje, pero difiere marcadamente en el canto, el cual es más similar al de otras especies del género. Esta nueva especie, una más para el inventario del Neotrópico, parece estar restringida a la vegetación que crece sobre las playas de sedimento de las islas del Orinoco. La especie se ha encontrado desde la frontera con Colombia hasta la región del delta del Orinoco, lo que sugiere que tiene una distribución amplia en la cuenca a pesar de haber pasado desapercibida hasta ahora. En mayo de 2007 tuve la oportunidad de conocer esta nueva especie de Synallaxis en el delta del Orinoco antes de que fuera descrita gracias a un viaje organizado por David Ascanio, coautor de la descripción original. El hábitat en que vimos la especie (ver foto de David en la isla tomada por Diego Calderón, con quien viajamos por Venezuela en esa ocasión) en las islas del Orinoco inmediatamente me recordó el hábitat de las islas del Río Meta (departamentos de Meta y Casanare, Colombia) que conozco hace más de 20 años. Especialmente, las islas se me parecieron mucho a las que uno encuentra sobre el Meta arriba de la boca del Río Yucao y en el tramo entre las bocas del Manacacías y el Cusiana. En diciembre de 2008 pasé un par de horas buscando aves en una de estas islas, unos kilómetros arriba de la población de San Miguel. Aunque no encontré el Synallaxis (hacía calor, mucha brisa y había que ir a pescar!), sí pude ver una pareja de Serpophaga hypoleuca, otra especie típica de ríos de tierras bajas al oriente de los Andes que permanece poco conocida, que fue documentada sólo recientemente para Colombia en el departamento de Arauca y que se encontraba también en las islas del Orinoco que visitamos en 2007. Hay que volver a esas islas del Meta. La presencia de Synallaxis beverlyae en islas del Orinoco del estado venezolano de Amazonas, donde el río es el límite con el departamento colombiano de Vichada, sugiere que es casi seguro que la especie se encuentra también en Colombia y no sería raro que ya existan ejemplares en colecciones incorrectamente identificados como S. albescens. Falta por ver si la especie se encuentra también a lo largo del Río Meta y qué tanto se adentra a lo largo de este río en el país. Más aún, el hallazgo de Hilty y Ascanio sugiere que los llanos colombianos, una región que se supone es muy bien conocida ornitológicamente, podría todavía producir más descubrimientos sorprendentes como este.
El Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad de los Andes (Bogotá, Colombia) requiere profesor/investigador de planta de tiempo completo en Botánica a nivel de Profesor Asistente o Asociado. Los aspirantes deben poseer título de Ph.D., preferiblemente con experiencia posdoctoral y disposición a proponer y gestionar proyectos de investigación en el campo de la botánica. Son especialmente bienvenidos candidatos con experiencia previa en morfofisiología y/o ecofisiología comparada de plantas tropicales en un contexto evolutivo.
Se espera del candidato seleccionado que interactúe como profesor y orientador de estudiantes de pregrado y posgrado del Departamento de Ciencias Biológicas, dictando cursos básicos y avanzados en Botánica y Fisiología Vegetal.
La Universidad de los Andes está entre las mejores universidades de Latinoamérica. Su Departamento de Ciencias Biológicas alberga 26 profesores de tiempo completo quienes lideran programas de investigación de alta calidad en evolución, ecología, genética, microbiología, botánica y zoología.
Enviar hoja de vida, copia de publicaciones,una breve descripción del programa de investigación y docencia, y dos cartas de recomendación antes del 15 de octubre de 2009 a la siguiente dirección. Aplicaciones por medio electrónico son bienvenidas.
Comité de Contrataciones Profesorales Departamento de Ciencias Biológicas Universidad de Los Andes Carrera 1 No. 18A-10 Apartado Aéreo 4976 Bogotá, Colombia ccontbio@uniandes.edu.co
La forma en que el ejército colombiano dio de baja al hipopótamo Pepe en el Magdalena Medio, la manera como fueron presentadas las imágenes de la cacería en los medios y el tono con el que funcionarios de CORANTIOQUIA y el Ministerio de Ambiente (etc.) salieron a declarar abierta la temporada de caza de hipopótamos en Colombia no fueron, digamos, las salidas más adecuadas y elegantes. Como todos los seres vivos, Pepe tenía derecho a vivir, así fuera un descendiente de animales traidos al país por uno de los peores seres humanos que haya existido en estas tierras; un mínimo de respeto con el animal y su significado habría sido deseable. Sin embargo, por encima del magnicidio de Pepe, a mi me parece mucho más grotesca y más insultante con los derechos de los animales una corrida de toros, pero como como carne y tengo otras costumbres que conducen a tratar cruelmente a otros animales (así no los vea), no creo que esté en posición ética para criticar el comportamiento de quienes gustan de espectáculos como la tauromaquia o de quienes no vieron problema en llenar de plomo al hermoso animal en Antioquia. Lo que sí creo estar en posición de hacer es comentar sobre las curiosas reacciones que la situación de Pepe y los demás hipopótamos han suscitado.
Periodistas de alto perfil, incautos que se agolpan alrededor del Ministerio a protestar, así como un enorme grupo de personajes conectados a través de FaceBook (1,2) están absolutamente indignados con la situación, y un conglomerado de colombianos cada vez más grande hasta clama por la renuncia del Ministro de Ambiente (etc.) y de los funcionarios que dieron la orden de ejecutar a Pepe. Falta que empiecen a indagar por los autores materiales del cruel acto y empiecen a pedir condenas ejemplares para ellos, como las que se piden para un personaje público que dice haberse equivocado ingenuamente emborrachándose, manejando un carro en estado de embriaguez, cargando un revólver y encima disparándolo, asesinando a un personaje que le dice la verdad en la calle.
Me parece perfecto que la gente se preocupe por el bienestar de los hipopótamos y de todos los demás animales, pero el escándalo alrededor de este tema deja ver que vivimos rodeados de miopes, o peor, de ignorantes o de hipócritas. ¿Cuántos de los que piden la renuncia del Ministro habían considerado pedir algo siquiera similar como consecuencia de la entrega que entidades del estado están haciendo de los páramos de nuestras cordilleras a empresas de explotación minera? ¿O por cuenta del impacto ambiental que tienen las fumigaciones con glifosato sobre los ecosistemas, directamente afectando el agua, la flora y la fauna (y por ahí derecho la gente) e indirectamente promoviendo la tumba continuada de bosques para establecer nuevos cultivos ilícitos por parte de familias que no tienen otras oportunidades? ¿O por la autorización (explícita o no) a terratenientes de varias regiones del país para convertir ecosistemas naturales en plantaciones de palma de aceite? ¿O por no tener una política clara de reducción de emisiones para mitigar el calentamiento global que terminará por acabarnos a todos? ¿O, por ponerlo en los mismos términos de la discusión actual, por no hacer nada por frenar el asesinato continuado y en números enormes de animales tan o más carismáticos como el hipopótamo, y que además tienen el plus de ser propios de nuestro país, como los jaguares, pumas, dantas, micos churucos, paujiles, tortugas charapas y tantos más? Si alguno no lo había hecho (y especialmente si hasta ahora se entera que en Colombia pasa todo eso e incluso que hasta tenemos jaguares -¿qué será una danta?-), es claro que su posición ante el caso Pepe no es filosóficamente consistente.
Parte de esa inconsistencia tiene que ver con la incapacidad de distinguir entre la ética de los derechos de los individuos animales y la ética de la conservación de la diversidad biológica, un mal del que sufren incluso muchas personas del área ambiental. En el caso de las especies exóticas (exótico queriendo decir que no es propio de un lugar, como el africano Pepe en Colombia, no exótico como la belleza exótica de nuestras chicas) que terminan convirtiéndose en invasoras y afectando los ecosistemas nativos, muchas veces esas dos visiones éticas van en clara contravía. Así lo demuestran los agresivos esfuerzos por erradicar animales no nativos en lugares como Australia o Hawai. Pero una causa más simple de la inconsistencia que describí es simplemente que el grueso de la gente no conoce nuestra biodiversidad, ni los reales problemas ambientales a los que se enfrenta la sociedad colombiana. Mea culpa: los biólogos y ambientalistas nos rajamos en educar a la sociedad sobre estos temas.
Ahora se viene la novela de Pepa y Pepito. Ya comienza la movilización nacional por el respeto a la vida de los dos hipopótamos que quedan sueltos en el Magdalena, varios zoológicos expresan su voluntad de recibirlos, empresas dicen estar dispuestas a invertir dinero para cubrir los costos de capturarlos y transportarlos. Qué bueno sería que los que se movilizan con su voz y con su plata lo hicieran del mismo modo para las causas relacionadas con nuestro entorno natural que de verdad deberían preocuparnos.
[La caricatura de Chócolo fue tomada de El Espectador]
Mientras desarrollaba su tesis de maestría sobre el comportamiento de incubación de Mimus polyglottos en el campus de la Universidad de Florida (ver artículo), Gustavo Londoño se dio cuenta de que los individuos de esta especie parecían poder reconocerlo personalmente a pesar de que las áreas en donde estaban ubicados los nidos eran frecuentadas por muchos otros estudiantes de forma permanente. Esa observación condujo al desarrollo de un experimento para poner a prueba si los sinsontes tenían la capacidad de reconocer a individuos humanos tras una experiencia muy breve de disturbio en sus nidos. Los resultados del experimento están descritos en un artículo liderado por Douglas Levey que aparecerá hoy en PNAS, y pueden resumirse fácilmente en lo que muestra el video:
La conclusión de los autores (aparte de que la ciencia es divertida!) es que estas aves tienen la capacidad de reconocer individualmente a las personas y reaccionar agresivamente sólo ante aquellas que representan un posible riesgo para la supervivencia de sus nidos. Lo más impresionante es que pueden hacerlo tras un período muy breve de exposición al individuo intruso (sólo 15 segundos en la proximidad inmediata del nido), al cual pueden reconocer entre las muchísimas personas que circulan por la universidad, incluso independientemente de la ropa que use.
La habilidad de reconocer individuos humanos en estas aves es sorprendente, pues no son parientes particularmente cercanos de otras aves, como los córvidos, que son famosas por su gran inteligencia. De hecho, en cuervos se han demostrado habilidades similares, pero que yo sepa esto aún no se ha publicado en la literatura científica (sí en el New York Times). Levey y colaboradores sugieren que la capacidad de distinguir a los humanos que representan riesgos reales puede ser una característica que ha facilitado el éxito de los sinsontes en ambientes urbanos, en donde muchas otras aves no han logrado establecerse.
Especulando un poco más, esta historia me hizo pensar acerca de uno de los tópicos abordados en Speciation in Birds, el nuevo libro de Trevor Price, que terminé de leer hace poco con un grupo de estudiantes. El tópico es el de la relación entre la inteligencia de distintos grupos de aves (medida como el tamaño relativo de su cerebro) con su potencial de diversificarse. La idea básica es que aves más inteligentes serían más propensas a "experimentar" con el uso de recursos nuevos o invadiendo ambientes distintos, lo que abriría la puerta para que la selección natural pueda conducir a nuevas adaptaciones en la medida que aparezcan nuevas presiones selectivas como consecuencia de cambios en el comportamiento, y esto llevaría a la diferenciación entre poblaciones y eventualmente a la formación de nuevas especies. Aunque no se si los Mimidae en general tienden a tener cerebros relativamente grandes, suponiendo que la inteligencia aparentemente excepcional de los sinsontes revelada por el estudio de Levey y colaboradores es general para la familia, se me ocurre que puede haber una conexión entre ésta y algunos patrones de diversificación en la familia. Por ejemplo, los sinsontes no sólo se han diversificado en lugares como Galápagos, en donde llamaron la atención de Darwin, sino que son el único grupo de aves que ha experimentado una radiación adaptativa en las Antillas Menores. Varios autores se han preguntado por qué algunos grupos de aves han producido radiaciones adaptativas en archipiélagos y otros no (ej. 1, 2); quizás la inteligencia relativa pueda tener algo qué ver.
Otro anuncio, esta vez para una posición permanente en UniAndes:
El Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad de los Andes (Bogotá, Colombia) requiere un profesor asistente o asociado de tiempo completo con formación y experiencia de investigación en Biología computacional o Bioinformática. Los aspirantes deben poseer título de Ph.D., preferiblemente con experiencia posdoctoral en docencia e investigación. El candidato debe estar en disposición de promover y realizar proyectos de investigación. Son especialmente bienvenidos investigadores con experiencia en el análisis de datos moleculares en el contexto genómico o evolutivo.
Se espera que el candidato seleccionado interactúe como profesor y orientador de estudiantes de pregrado y posgrado, y que lidere una línea de investigación en el campo propuesto. En docencia se espera que el profesor dicte un curso básico general en biología y el curso de genómica y bioinformática.
Enviar hoja de vida, copia de publicaciones, una breve descripción del programa de investigación, y dos cartas de recomendación antes del 31 de julio del año 2009 a:
Comité de Contrataciones Profesorales Departamento de Ciencias Biológicas Universidad de Los Andes Carrera 1 No. 18A-10 P.O.Box 4976 Bogotá, Colombia ccontbio@uniandes.edu.co
El blog ha estado abandonado por cuenta del tsunami de fin del semestre académico, así que para mantenerlo vivo acá hay una entrada un poco diferente a las tradicionales. Con varios colegas, hace un tiempo estamos estado discutiendo sobre cómo algo que nos falta en el Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad de los Andes para incrementar nuestra capacidad investigativa es tener oportunidades para la vinculación de investigadores postdoctorales. Con Juan Armando Sánchez y con el apoyo de las directivas del departamento se nos ocurrió que una posibilidad para comenzar con la cultura del postdoctorado sería vincular investigadores con título de doctorado como profesores visitantes en el departamento, encargándose de cursos de servicio ofrecidos a estudiantes de otras carreras. Pues bien, hemos abierto una primera convocatoria para una posición en el curso de Ecología Para No Biólogos, para la cual acabamos de empezar a circular este anuncio (la imagen es el afiche que diseñamos para promocionar el curso en el período de vacaciones):
El Departamento de Ciencias Biológicas (DCB) de la Universidad de los Andes (Bogotá, Colombia) requiere un profesor visitante en el área de Ecología (para estudiantes de carreras distintas a Biología) para el segundo semestre de 2009. Los aspirantes deben poseer título de Ph.D. Son especialmente bienvenidos investigadores con intenciones de vincularse a algún grupo de investigación del DCB con miras a la realización de una estancia postdoctoral.
Enviar hoja de vida y dos cartas de recomendación antes del 30 de junio de 2009 a:
Comité de Contrataciones Profesorales Departamento de Ciencias Biológicas Universidad de Los Andes Carrera 1 No. 18A-10 Apartado Aéreo 4976 Bogotá, Colombia ccontbio@uniandes.edu.co
Volviendo sobre los distintos tipos de datos que apoyan la teoría de la evolución presentados en Why Evolution is True, libro sobre el que comenté hace un tiempo acá, hay dos líneas adicionales de evidencia que son particularmente convincentes en cuanto al poder explicativo de la teoría evolutiva y que sólo han aparecido con el desarrollo de la genómica y con progresos recientes en el estudio de Evo-Devo: la existencia de genes "fósiles"(i.e. genes sin función) en varios organismos y el uso de las misma "caja de herramientas" (el término que ha usado Sean Carroll en varios de sus libros, como Endless Forms Most Beautiful y The Making of the Fittest) como base genética que codifica para estructuras diferentes en distintos organismos (ej. el mismo grupo de genes que forman las extremidades en los tetrápodos forman también las extremidades de insectos como Drosophila e incluso apéndices como cuernos en los escarabajos que llamaron la atención de Darwin; ver una revisión reciente acá).
Con motivo de mis clases sobre evolución de los mamíferos de esta semana, he vuelto a leer algunos ejemplos fascinantes de estas dos líneas de evidencia publicados recientemente. Primero, si no es porque los mamíferos provienen de un ancestro que producía huevos, ¿cómo se explicaría la presencia de pseudogenes homólogos a los genes que codifican para las proteínas del vitelo de los pollos en el genoma de mamíferos no ovíparos como los marsupiales y placentarios [1]? Segundo, qué hipótesis distinta a la evolución predeciría que los mismos genes que se expresan en la formación de las garras en las lagartijas son los que se expresan en la formación del pelo de los mamíferos [2] y que los mismos genes que están involucrados con el veneno en algunos reptiles son los que codifican para el veneno que produce un mamífero como el ornitorrinco [3]? Se reciben propuestas.
En los últimos meses varios estudios han demostrado que la morfología externa de las aves (acá hay un ejemplo de un trabajo en el que yo participé) puede ser un indicador poco confiable de sus afinidades filogenéticas. Además, una serie de estudios recientes muestran que muchas similitudes morfológicas entre especies podrían ser el resultado de evolución convergente causada por presiones de selección similares. Algunos de esos estudios presentan ejemplos verdaderamente impresionante de convergencia ecológica en grupos distantemente emparentados que explotan recursos similares, una evidencia fascinante del poder de la selección natural.
Uno de mis artículos favoritos de fines del año pasado fue el de Robert Fleischer y colaboradores publicado en Current Biology que demostró con base en filogenias moleculares que los mieleros de Hawai de los géneros Moho y Chaetoptila, un grupo de aves extintas con picos bien adaptados para alimentarse de néctar, no pertenecían a la familia Meliphagidae de Australasia (a cuyos representantes son virtualmente idénticos en su morfología externa) como siempre se creyó, sino que eran parientes de los Bombycillidae del Nuevo Mundo, una familia de aves filogenéticamente distantes de Meliphagidae que no se alimentan de néctar sino principalmente de frutos. Aparte de la apariencia externa y la morfología del pico, las similitudes de la lengua de estas aves hawaianas con la de los Meliphagidae son realmente impresionantes. (Curiosamente, el estudio del grupo de Fleischer no hizo referencia al de Spellman y colaboradores del mismo año sobre la filogenia de Bombycillidae. En conjunto, me parece que los resultados de los dos artículos sugieren que Moho y Chaetoptila deberían ubicarse dentro de la familia Bombycillidae como la definieron Spellman et al. y no como una familia aparte - Mohoidae- como propusieron Fleischer et al.)
Poco después, otro grupo de investigadores del mismo laboratorio demostró que dos especies de aves hawaianas del grupo de los Drepanidinae adaptadas para forrajear sobre los troncos de los árboles y con morfologías superficialmente similares son parientes distantes, de forma que sus características son también el resultado de convergencia. Estas aves pertenecen a una de las radiaciones adaptativas más características de Hawaii y se suman a los ejemplos de convergencia adaptativa documentados en otras radiaciones en archipiélagos como las de largartijas Anolis en las Antillas Mayores y arañas Tetragnatha en Hawai.
Finalmente, hace unos días se publicó un estudio que muestra cómo dos grupos con historias muy distintas pero ecologías similares pueden potencialmente evolucionar características en común de forma independiente aún en períodos de tiempo breves. Los nectarínidos son un grupo de Passeriformes del Viejo Mundo que ocupa un nicho similar al de los colibríes en América (se alimentan de néctar de flores a las cuales polinizan) y que incluso han evolucionado de forma independiente coloración estructural iridiscente en el plumaje (ver trabajos sobre la diversificación de estas aves por Rauri Bowie). Una diferencia sustancial entre los dos grupos es que los colibríes, que visitan flores péndulas, realizan vuelos sostenidos ("hovering") mientras que los nectarínidos liban néctar de flores a las que pueden acceder cuando están perchados y muy rara vez o nunca revolotean para alimentarse. Pues bien, el trabajo de Geerts & Pauw al que me refiero presenta evidencia de que una especie surafricana de nectarínido hace vuelos sostenidos cuando visita (y poliniza) flores de una planta que fue introducida desde América, en donde es polinizada por colibríes. Esas ideas de selección natural y adaptación de Mr. Darwin definitivamente parecen tener sentido...
Muchos de los estudios que han comentado sobre el papel de los Andes en la diversificación de organismos tropicales han enfatizado (1) la existencia de radiaciones en las tierras altas después de ser colonizadas por organismos de latitudes templadas como en las plantas del género Lupinus o de las tierras bajas como en las aves del género Thamnophilus, o (2) el papel de las cordilleras como barreras geográficas que condujeron a la diferenciación de poblaciones de tierras bajas. En este segundo aspecto hemos empezado a colaborar con varios colegas hace poco pues con suerte logramos conseguir financiación de NSF este año para una propuesta liderada por Robb Brumfield. Un asunto menos estudiado es el papel de los Andes como fuente de linajes que se originan allí y luego se dispersan a las tierras bajas, contribuyendo a aumentar su diversidad mediante colonización y posterior diversificación. Aunque Jon Fjeldså viene escribiendo sobre esta idea hace tiempo (ver este análisis para la familia Thraupidae), los ejemplos son todavía escasos.
En las últimas semanas han aparecido al menos dos artículos que demuestran la importancia de los Andes como "centros de origen" para grupos de amplia distribución en las tierras bajas del Neotrópico. Uno es el análisis de Elias et al. que indica que dos géneros de mariposas se originaron en los Andes y luego se dispersaron hacia las tierras bajas del Chocó y la Amazonía, donde se han diversificado notoriamente.
Por otra parte, con base en nuevos métodos para inferir la evolución de las distribuciones geográficas usando filogenias, Santos y colaboradores demuestran que la diversidad de ranas de la familia Dendrobatidae en la Amazonía es el resultado de al menos 14 colonizaciones de linajes de origen andino que luego se han diversificado notoriamente en las tierras bajas. Este es un estudio bien convincente e interesante (aunque debo decir que algunos de sus análisis están de más - como el ancestro de la gran mayoría de los clados se reconstruye como de origen andino, poner a prueba la hipótesis de que todos los linajes salieron del Amazonas con un método estadístico sofisticado parece superfluo), pero un detalle me llama especialmente la atención. Ha habido al menos 18 colonizaciones en la otra dirección (de la Amazonía a regiones adyacentes), pero esos linajes no se han diversificado tanto. Una explicación para esto es simplemente que no ha habido suficiente tiempo pues las colonizaciones de otras regiones a partir de ancestros amazónicos tienden a ser recientes; una explicación similar, basada en el tiempo para la diversificación, se ha propuesto para el gradiente latitudinal de diversidad en ranas y patrones de riqueza de especies a lo largo de gradientes de elevación en salamandras. Otra posibilidad es que la "oportunidad ecológica" para formar especies en las montañas una vez éstas completaron su levantamiento inicial y una vez los grupos han radiado por varios millones de años allí podría ser reducida (ver trabajos de A. Phillimore, D. Rabosky, I. Lovette y T. Price). Esto parecería ir en contravía de análisis que muestran una aparente aceleración de la especiación en (pocos) grupos de aves andinas en el Pleistoceno y hacia el presente, pero a la vez es apoyado por filogenias de algunos grupos como la de los tapaculos del género Scytalopus, que muestra uno de los patrones de desaceleración en la diversificación mas notorios que conozco en comparación con lo que se ha reportado (espero publicar esto pronto!). De cualquier manera, parece que hacer más estudios comparativos sobre la diversificación en tierras altas y tierras bajas continuará siendo fructífero.
(Hice la figura de arriba combinando una imagen de Humboldt con el árbol de la vida de D. Hillis)
Estoy por terminar de leer Why Evolution is True, el nuevo libro de Jerry Coyne; es una defensa brillante de la teoría de la evolución que debería convencer a cualquiera (excepto a los que simplemente no quieren creer lo evidente; ver este comentario sobre el libro por Massimo Pigliucci) de la evidencia monumental que apoya los postulados fundamentales de la gran idea de Darwin. Uno de los argumentos centrales de Coyne es que la teoría de evolución por selección natural hace unas predicciones muy específicas acerca de patrones que deberían existir en la naturaleza, por lo que eventualmente podría ser falseada. El poder de la teoría radica en que a pesar de ser falseable, evidencias de todo tipo terminan por apoyarla cuando sus predicciones resultan ser confirmadas. Uno de los puntos abordados en el libro que me pareció más convincente tiene que ver con las predicciones que hace la teoría en cuanto al registro fósil. Por ejemplo, dada la brecha existente hasta hace pocos años en el registro fósil del Devónico entre fósiles de peces enteramente acuáticos como Eusthenopteron y tetrápodos al menos parcialmente terrestres como Ichthyostega, la teoría predecía que si los tetrápodos evolucionaron a partir de peces de aletas lobuladas, debería haber fósiles de formas transicionales que dataran del período específico de tiempo que separa la aparición de los dos extremos. Por esto, aunque es un hallazgo espectacular, la existencia de Tiktaalik no es inesperada. Es una predicción más del gradualismo de Darwin que se cumple a cabalidad (ver video sobre el proceso de colonización de la tierra por los tetrápodos y este nuevo artículo de revisión por Jenny Clack).
Otro de mis ejemplos favoritos del valor predictivo de la teoría de la evolución es la aparición de organismos fósiles con plumas en el grupo de los dinosaurios terópodos, precisamente el linaje de reptiles que varios investigadores habían sugerido (con base en evidencia independiente) era el pariente más cercano de las aves. A propósito, esta semana volví a leer este ensayo de Richard Prum, no sólo interesante por la evidencia sino divertido por la agudeza de su crítica ante "hipótesis" distintas. Los fósiles de dinosaurios terópodos con plumas que podrían ser funcionalmente útiles para proveer aislamiento térmico, para hacer despliegues de cortejo y hasta para volar son ya muchos, pero el descubrimiento de Tianyulong, un heterodontosaurio (un dinosaurio del grupo de los Ornithischia, las aves están en el clado de los Saurischia) con estructuras superficilamente similares a plumas encontrado en las ya famosas formaciones de Liaoning (China) y publicado esta semana en Nature es algo totalmente inesperado! Como lo dice un comentario en la misma revista, falta por ver si estas estructuras son verdaderamente extensiones del integumento formadas hacia afuera como las plumas, pero de todas formas el escenario evolutivo que plantea este nuevo fósil es intrigante: quizás el carácter ancestral de los dinosaurios era ser "fuzzy"! Va a ser interesante ver qué dirección toma el estudio de la evolución de las plumas a partir de esto...